miércoles, 2 de junio de 2010

La historia del ingenio azucarero de remolacha



En el año 1929, se inauguró un Ingenio de azúcar de remolacha en Colonia San Lorenzo a 15 kilómetros de la localidad de General Conesa, provincia de Río Negro (Patagonia Argentina).Se trató de un importante emprendimiento, tanto para la región como para el país. Las condiciones ambientales se pronosticaban más que óptimas para una futura zona azucarera, se destacó por el tamaño de la inversión en un lugar casi despoblado (se instalaron cientos de inmigrantes europeos) y por la inclusión de una novedosa industria para la elaboración de azúcar. Es considerable aclarar que, en esos años, grandes problemas socio económicos afectaban no sólo a la Argentina, sino al mundo entero luego de la famosa caída de La Bolsa en los Estados Unidos.

Juan Pegassano y Benito Lorenzo Raggio fueron los inversores mayoritarios, provenientes de diferentes empresas de Capital Federal. Junto con accionistas de distintos lugares de la provincia de Buenos Aires, implantaron en tierras de su propiedad las instalaciones del Ingenio. Además de la fabricación de imponentes edificios para la elaboración del azúcar, se trajo maquinaria Skoda de Checoslovaquia, se construyeron canales para regar 4.000 hectáreas, y obras secundarias para radicar y dar empleo a más de 350 familias. Se construyeron complejos en las colonias San Lorenzo, La Luisa y San Juan. Entre otras construcciones se edificaron viviendas (para obreros, empleados, chacareros y administradores), usinas, depósitos y galpones, hotel, talleres mecánicos, estación de policía, granjas, panaderías y proveedurías.

En 1933, luego de las primeras zafras que iban en aumento, la compañía instaló un ramal de ferrocarril económico (trocha angosta) con una extensión de 107 kilómetros. Unía la estación Lorenzo Vintter (entre la capital provincial de Viedma y la localidad portuaria de San Antonio Oeste), con la estación San Lorenzo ubicada frente al Ingenio. Frente al pueblo, a 15 kms, se construyó la estación de Conesa, y a unos 15 kms más la estación Sosa, en Colonia San Juan. El Trochita favorecía no solo el traslado del azúcar, materiales para el mantenimiento y de pasajeros, fuera de la zona, sino también la materia prima dentro de las colonias. En esa época con el tren mucha gente podía llegar más fácilmente, incluso para urgencias médicas, a Captital Federal.

Se ponía en marcha una región azucarera. El rendimiento de la remolacha alcanzó casi el 15% en el año 1935, donde también logró la máxima cosecha (32.811.522 toneladas). Dicho rendimiento superaba ampliamente al de la caña azucarera en las provincias del norte (Tucumán, Jujuy y Salta, entre otras) que en esos años apenas si sobrepasaba el 9%. El clima templado del sur argentino, húmedo en el sureste bonaerense, con riego en los valles de los ríos Colorado y Negro, y en Villarino y Patagones con suelos adecuados, podía permitir la creación, con el tiempo, de una nueva región azucarera, más cercana a la zona consumidora del Gran Buenos Aires y con un centro portuario en Bahía Blanca, que hasta podría lanzar a la exportación rápidamente, y con menor recorrido, a los sobrantes productivos.



La presión de los monopolios y el principio del fin

Frente a estas amenazas y cifras es fácil deducir la molestia que ocasionaba en los poderosos intereses del empresariado azucarero del Norte (se destaca el apellido Patrón Costa entre otros), aliados a los más altos niveles políticos de ese tiempo, en que la oligarquía agro-importadora reinaba poderosa. La presión que este monopolio ejercía era tal que lograron la implementación, por parte del gobierno, de una ley azucarera que fijó una mezquina cuota de 2000 toneladas anuales para Río Negro, contra las 5000 que producía. El sur del país incluyendo el sur de Mendoza consumía unas 80.000 toneladas anuales. Junto a ésta limitación, se sumaron otros factores. Entre otros la aparición de un virus que afectaba las plantaciones, para lo cual Raggio y Pegassano contrataron a un ingeniero de E.E.U.U que, sin éxito, intentó solucionar el tema. Esto devino en el aumento de los costos del transporte, ya que la compañía estuvo obligada a recurrir a zonas más lejanas. Se suman la no conclusión de la infraestructura de canales, que estaba proyectada para la zona por el gobierno nacional, y la falta de apoyo por parte del mismo. Vale destacar que Río Negro no era aún provincia y carecía de fuerza política para defenderse del poder de la oligarquía. Dichas presiones y factores provocaron la decisión de sus dueños de dejar el negocio en el año 1941, vendiendo todas sus instalaciones. Luego de un remate, una compañía azucarera del Norte se hizo cargo del edificio, y también se llevó parte de la maquinaria junto con otra empresa proveniente de Uruguay. La empresa del Norte hizo levantar los techos como primera medida y al poco tiempo demolió las instalaciones del Ingenio. Ya en la presidencia de Frondizi, se levantó el ramal ferroviario.

De esta manera se logró la postergación de una industria que era prospera para el país, y que aún así en el transcurso de las décadas, si bien hubo algunos intentos en otras provincias de incursionar en ella, nunca más se retomó.
El cierre del Ingenio es señalado por muchos conesinos como factor fundamental de la postergación económica y social de la zona.
El pueblo, hasta el día de hoy, se pregunta porque no se siguió explotando la industria y sigue nombrando a Patrón Costas, poderoso oligarca dueño del monopolio azucarero del Norte, como principal culpable de lo ocurrido.